cuando el pensamiento está ido
en un valle de melancolía,
personas ausentes sin explicación
recuerdos felices
ahora lúgubres
sentimientos rotos para siempre,
agonía de saberse solo
al umbral de estremecimientos
cuando el sol se desgarra en alaridos
y la naturaleza contempla
a un ser inerme a punto de padecer
frente a hechos consumados,
soñando en su desventura
desmotivado por el devenir
en ese día atemporal,
mortecino
de pronto ensombrecido de terror
al cerrar los ojos
con el Cristo de espaldas
cual acto de condena,
en certeza que la vida lo aplastará
una vez más
como al insecto insignificante
que se ve derrotado así mismo
en un adiós cruel y frívolo
acorde al tiempo de hoy.
Aproximarse a la hélice por inercia
para ser destrozado
voluntariamente y a la hoguera,
desaparecer en mil pedazos
convertirse en materia impalpable
como idea contaminada
que carcome desde dentro hacia fuera,
un dolor menguado susurrando
acrecentándose tal cual elemento contundente,
mientras la gente vive
como si nada
al son de su hipocresía,
todos ríen
y el alboroto no da tregua,
el romanticismo sigue floreciendo alrededor
y las melodías se inmortalizan
en curiosa complicidad
precisamente haciendo de ese momento
una tortura poética
que fragmenta el alma
obliga a declinar al culpable,
cual verdugo lo haría,
ante el instrumento afilado
que cercena por gravedad
ante hechos probados
por reincidencia estúpida
a tentar felicidad a pesar de todo
y sin conseguirlo,
expuesto a la pena máxima: desolación.
Versión 1: Melancolía en el parque (H)

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