viernes, diciembre 21, 2007

NERUDA 1971: UN MUNDO CONMOVIDO POR LA POESÍA

Hace 36 años la Academia Sueca otorgaba el Premio Nobel de Literatura al poeta chileno. García Marquez contó que Neruda empezó a escribir su discurso, usando su célebre tinta verde, a la vuelta de...
... una hoja del menú, durante un cena de amigos en París, apenas 48 horas antes de la ceremonia de Estocolmo.

Estocolmo - 1971
“Mi discurso será una larga travesía, un viaje mío por regiones, lejanas y antípodas, no por eso menos semejantes al paisaje y a las soledades del norte. Hablo del extremo sur de mi país. Tanto y tanto nos alejamos los chilenos hasta tocar con nuestros límites el Polo Sur, que nos parecemos a la geografía de Suecia, que roza con su cabeza el norte nevado del planeta.
Por allí, por aquellas extensiones de mi patria adonde me condujeron acontecimientos ya olvidados en sí mismos, hay que atravesar, tuve que atravesar los Andes buscando la frontera de mi país con Argentina.
Grandes bosques cubren como un túnel las regiones inaccesibles y como nuestro camino era oculto y vedado, aceptábamos tan sólo los signos más débiles de la orientación.
No había huellas, no existían senderos y con mis cuatro compañeros a caballo buscábamos en ondulante cabalgata -eliminando los obstáculos de poderosos árboles, imposibles ríos, roqueríos inmensos, desoladas nieves, adivinando más bien el derrotero de mi propia libertad.
Los que me acompañaban conocían la orientación, la posibilidad entre los grandes follajes, pero para saberse más seguros montados en sus caballos marcaban de un machetazo aquí y allá las cortezas de los grandes árboles dejando huellas que los guiarían en el regreso, cuando me dejaran solo con mi destino.
Cada uno avanzaba embargado en aquella soledad sin márgenes, en aquel silencio verde y blanco, los árboles, las grandes enredaderas, el humus depositado por centenares de años, los troncos semiderribados que de pronto eran una barrera más en nuestra marcha. Todo era a la vez una naturaleza deslumbradora y secreta y a la vez una creciente amenaza de frío, nieve, persecución.
Todo se mezclaba: la soledad, el peligro, el silencio y la urgencia de mi misión.
A veces seguíamos una huella delgadísima, dejada quizás por contrabandistas o delincuentes comunes fugitivos, e ignorábamos si muchos de ellos habían perecido, sorprendidos de repente por las glaciales manos del invierno, por las tormentas tremendas de nieve que, cuando en los Andes se descargan, envuelven al viajero, lo hunden bajo siete pisos de blancura.
A cada lado de la huella contemplé, en aquella salvaje desolación, algo como una construcción humana.
Eran trozos de ramas acumulados que habían soportado muchos inviernos, vegetal ofrenda de centenares de viajeros, altos cúmulos de madera para recordar a los caídos, para hacer pensar en los que no pudieron seguir y quedaron allí para siempre debajo de las nieves.
También mis compañeros cortaron con sus machetes las ramas que nos tocaban las cabezas y que descendían sobre nosotros desde la altura de las coníferas inmensas, desde los robles cuyo último follaje palpitaba antes de las tempestades del invierno.
Y también yo fui dejando en cada túmulo un recuerdo, una tarjeta de madera, una rama cortada del bosque para adornar las tumbas de uno y otro de los viajeros desconocidos.
Teníamos que cruzar un río. Esas pequeñas vertientes nacidas en las cumbres de los Andes se precipitan, descargan su fuerza vertiginosa y atropelladora, se tornan en cascadas, rompen tierras y rocas con la energía y la velocidad que trajeron de las alturas insignes: pero esa vez encontramos un remanso, un gran espejo de agua, un vado.
Los caballos entraron, perdieron pie y nadaron hacia la otra ribera. Pronto mi caballo fue sobrepasado casi totalmente por las aguas, yo comencé a mecerme sin sostén, mis pies se afanaban al garete mientras la bestia pugnaba por mantener la cabeza al aire libre.
Así cruzamos. Y apenas llegados a la otra orilla, los baqueanos, los campesinos que me acompañaban me preguntaron con cierta sonrisa:
-¿Tuvo mucho miedo?
-Mucho. Creí que había llegado mi última hora, dije.
-Íbamos detrás de usted con el lazo en la mano me respondieron. -Ahí mismo agregó uno de ellos cayó mi padre y lo arrastró la corriente. No iba a pasar lo mismo con usted.
“Seguimos hasta entrar en un túnel natural que tal vez abrió en las rocas imponentes un caudaloso río perdido, o un estremecimiento del planeta que dispuso en las alturas aquella obra, aquel canal rupestre de piedra socavada, de granito, en el cual penetramos.
A los pocos pasos las cabalgaduras resbalaban, trataban de afincarse en los desniveles de piedra, se doblegaban sus patas, estallaban chispas en las herraduras: más de una vez me vi arrojado del caballo y tendido sobre las rocas. La cabalgadura sangraba de narices y patas, pero proseguimos empecinados el vasto, el espléndido, el difícil camino.
Algo nos esperaba en medio de aquella selva salvaje. Súbitamente, como singular visión, llegamos a una pequeña y esmerada pradera acurrucada en el regazo de las montañas: agua clara, prado verde, flores silvestres, rumor de ríos y el cielo azul arriba, generosa luz ininterrumpida por ningún follaje.
Allí nos detuvimos como dentro de un círculo mágico, como huéspedes de un recinto sagrado: y mayor condición de sagrada tuvo aun la ceremonia en la que participé.
Los vaqueros bajaron de sus cabalgaduras. En el centro del recinto estaba colocada, como en un rito, una calavera de buey. Mis compañeros se acercaron silenciosamente, uno por uno, para dejar unas monedas y algunos alimentos en los agujeros del hueso.
Me uní a ellos en aquella ofrenda destinada a toscos Ulises extraviados, a fugitivos de todas las raleas que encontrarían pan y auxilio en las órbitas del toro muerto. Pero no se detuvo en este punto la inolvidable ceremonia.
Mis rústicos amigos se despojaron de sus sombreros e iniciaron una extraña danza, saltando sobre un solo pie alrededor de la calavera abandonada, repasando la huella circular dejada por tantos bailes de otros que por allí cruzaron antes.
Comprendí entonces de una manera imprecisa, al lado de mis impenetrables compañeros, que existía una comunicación de desconocido a desconocido, que había una solicitud, una petición y una respuesta aun en las más lejanas y apartadas soledades de este mundo.
Más lejos, ya a punto de cruzar las fronteras que me alejarían por muchos años de mi patria, llegamos de noche a las últimas gargantas de las montañas.
Vimos de pronto una luz encendida que era indicio cierto de habitación humana y, al acercarnos, hallamos unas desvencijadas construcciones, unos destartalados galpones al parecer vacíos.
Entramos a uno de ellos y vimos, al calor de la lumbre, grandes troncos encendidos en el centro de la habitación, cuerpos de árboles gigantes que allí ardían de día y de noche y que dejaban escapar por las hendiduras del techo el humo que vagaba en medio de las tinieblas como un profundo velo azul.
Vimos montones de quesos acumulados por quienes los cuajaron a aquellas alturas. Cerca del fuego, agrupados como sacos, yacían algunos hombres.
Distinguimos en el silencio las cuerdas de una guitarra y las palabras de una canción que, naciendo de las brasas y la oscuridad, nos traía la primera voz humana que habíamos topado en el camino.
Era una canción de amor y de distancia, un lamento de amor y de nostalgia dirigido hacia la primavera lejana, hacia las ciudades de donde veníamos, hacia la infinita extensión de la vida.
Ellos ignoraban quiénes éramos, ellos nada sabían del fugitivo, ellos no conocían mi poesía ni mi nombre. O lo conocían, nos conocían?
El hecho real fue que junto a aquel fuego cantamos y comimos, y luego caminamos dentro de la oscuridad hacia unos cuartos elementales. A través de ellos pasaba una corriente termal, agua volcánica donde nos sumergimos, calor que se desprendía de las cordilleras y nos acogió en su seno.
Chapoteamos gozosos, cavándonos, limpiándonos el peso de la inmensa cabalgata. Nos sentimos frescos, renacidos, bautizados, cuando al amanecer emprendimos los últimos kilómetros de jornadas que me separarían de aquel eclipse de mi patria. Nos alejamos cantando sobre nuestras cabalgaduras, plenos de un aire nuevo, de un aliento que nos empujaba al gran camino del mundo que me estaba esperando.
Cuando quisimos dar (lo recuerdo vivamente) a los montañeses algunas monedas de recompensa por las canciones, por los alimentos, por las aguas termales, por el techo y los lechos, vale decir, por el inesperado amparo que nos salió al encuentro, ellos rechazaron nuestro ofrecimiento sin un ademán. Nos habían servido y nada más. Y en ese "nada más" en ese silencioso nada más había muchas cosas subentendidas, tal vez el reconocimiento, tal vez los mismos sueños.
Señoras y Señores:
Yo no aprendí en los libros ninguna receta para la composición de un poema: y no dejaré impreso a mi vez ni siquiera un consejo, modo o estilo para que los nuevos poetas reciban de mí alguna gota de supuesta sabiduría. Si he narrado en este discurso ciertos sucesos del pasado, si he revivido un nunca olvidado relato en esta ocasión y en este sitio tan diferentes a lo acontecido, es porque en el curso de mi vida he encontrado siempre en alguna parte la aseveración necesaria, la fórmula que me aguardaba, no para endurecerse en mis palabras sino para explicarme a mí mismo.
En aquella larga jornada encontré las dosis necesarias a la formación del poema. Allí me fueron dadas las aportaciones de la tierra y del alma. Y pienso que la poesía es una acción pasajera o solemne en que entran por parejas medidas la soledad y la solidaridad, el sentimiento y la acción, la intimidad de uno mismo, la intimidad del hombre y la secreta revelación de la naturaleza.
Y pienso con no menor fe que todo está sostenido -el hombre y su sombra, el hombre y su actitud, el hombre y su poesía en una comunidad cada vez más extensa, en un ejercicio que integrará para siempre en nosotros la realidad y los sueños, porque de tal manera los une y los confunde.
Y digo de igual modo que no sé, después de tantos años, si aquellas lecciones que recibí al cruzar un vertiginoso río, al bailar alrededor del cráneo de una vaca, al bañar mi piel en el agua purificadora de las más altas regiones, digo que no sé si aquello salía de mí mismo para comunicarse después con muchos otros seres, o era el mensaje que los demás hombres me enviaban como exigencia o emplazamiento”.
“No sé si aquello lo viví o lo escribí, no sé si fueron verdad o poesía, transición o eternidad los versos que experimenté en aquel momento, las experiencias que canté más tarde.
De todo ello, amigos, surge una enseñanza que el poeta debe aprender de los demás hombres. No hay soledad inexpugnable. Todos los caminos llevan al mismo punto: a la comunicación de lo que somos. Y es preciso atravesar la soledad y la aspereza, la incomunicación y el silencio para llegar al recinto mágico en que podemos danzar torpemente o cantar con melancolía; mas en esa danza o en esa canción están consumados los más antiguos ritos de la conciencia: de la conciencia de ser hombres y de creer en un destino común.
En verdad, si bien alguna o mucha gente me consideró un sectario, sin posible participación en la mesa común de la amistad y de la responsabilidad, no quiero justificarme, no creo que las acusaciones ni las justificaciones tengan cabida entre los deberes del poeta. Después de todo, ningún poeta administró la poesía, y si alguno de ellos se detuvo a acusar a sus semejantes, o si otro pensó que podría gastarse la vida defendiéndose de recriminaciones razonables o absurdas, mi convicción es que sólo la vanidad es capaz de desviarnos hasta tales extremos.
Digo que los enemigos de la poesía no están entre quienes la profesan o resguardan, sino en la falta de concordancia del poeta. De ahí que ningún poeta tenga más enemigo esencial que su propia incapacidad para entenderse con los más ignorados y explotados de sus contemporáneos; y esto rige para todas las épocas y para todas las tierras.
El poeta no es un ‘pequeño dios’. No, no es un ‘pequeño dios’. No está signado por un destino cabalístico superior al de quienes ejercen otros menesteres y oficios.
A menudo expresé que el mejor poeta es el hombre que nos entrega el pan de cada día: el panadero más próximo, que no se cree dios. El cumple su majestuosa y humilde faena de amasar, meter al horno, dorar y entregar el pan de cada día, con una obligación comunitaria. Y si el poeta llega a alcanzar esa sencilla conciencia, podrá también la sencilla conciencia convertirse en parte de una colosal artesanía, de una construcción simple o complicada, que es la construcción de la sociedad, la transformación de las condiciones que rodean al hombre, la entrega de la mercadería: pan, verdad, vino, sueños.
Si el poeta se incorpora a esa nunca gastada lucha por consignar cada uno en manos de los otros su ración de compromiso, su dedicación y su ternura al trabajo común de cada día y de todos los hombres, el poeta tomará parte en el sudor, en el pan, en el vino, en el sueño de la humanidad entera.
Sólo por ese camino inalienable de ser hombres comunes llegaremos a restituirle a la poesía el anchuroso espacio que le van recortando en cada época, que le vamos recortando en cada época nosotros mismos.
Los errores que me llevaron a una relativa verdad, y las verdades que repetidas veces me condujeron al error, unos y otras no me permitieron -ni yo lo pretendí nunca- orientar, dirigir, enseñar lo que se llama el proceso creador, los vericuetos de la literatura.
Pero sí me di cuenta de una cosa: de que nosotros mismos vamos creando los fantasmas de nuestra propia mitificación.
De la argamasa de lo que hacemos, o queremos hacer, surgen más tarde los impedimentos de nuestro propio y futuro desarrollo. Nos vemos indefectiblemente conducidos a la realidad y al realismo, es decir, a tomar una conciencia directa de lo que nos rodea y de los caminos de la transformación, y luego comprendemos, cuando parece tarde, que hemos construido una limitación tan exagerada que matamos lo vivo en vez de conducir la vida a desenvolverse y florecer.
Nos imponemos un realismo que posteriormente nos resulta más pesado que el ladrillo de las construcciones, sin que por ello hayamos erigido el edificio que contemplábamos como parte integral de nuestro deber. Y en sentido contrario, si alcanzamos a crear el fetiche de lo incomprensible (o de lo comprensible para unos pocos), el fetiche de lo selecto y de lo secreto, si suprimimos la realidad y sus degeneraciones realistas, nos veremos de pronto rodeados de un terreno imposible, de un tembladeral de hojas, de barro, de libros, en que se hunden nuestros pies y nos ahoga una incomunicación opresiva.
En cuanto a nosotros en particular, escritores de la vasta extensión americana, escuchamos sin tregua el llamado para llenar ese espacio enorme con seres de carne y hueso.
Somos conscientes de nuestra obligación de pobladores y -al mismo tiempo que nos resulta esencial el deber de una comunicación crítica en un mundo deshabitado y, no por deshabitado menos lleno de injusticias, castigos y dolores, sentimos también el compromiso de recobrar los antiguos sueños que duermen en las estatuas de piedra, en los antiguos monumentos destruidos, en los anchos silencios de pampas planetarias, de selvas espesas, de ríos que cantan como sueños.
Necesitamos colmar de palabras los confines de un continente mudo y nos embriaga esta tarea de fabular y de nombrar. Tal vez ésa sea la razón determinante de mi humilde caso individual: y en esa circunstancia mis excesos, o mi abundancia, o mi retórica, no vendrían a ser sino actos, los más simples, del menester americano de cada día.
Cada uno de mis versos quiso instalarse como un objeto palpable: cada uno de mis poemas pretendió ser un instrumento útil de trabajo: cada uno de mis cantos aspiró a servir en el espacio como signos de reunión donde se cruzaron los caminos, o como fragmento de piedra o de madera con que alguien, otros que vendrán, pudieran depositar los nuevos signos.
Extendiendo estos deberes del poeta, en la verdad o en el error, hasta sus últimas consecuencias, decidí que mi actitud dentro de la sociedad y ante la vida debía ser también humildemente partidaria. Lo decidí viendo gloriosos fracasos, solitarias victorias, derrotas deslumbrantes.
Comprendí, metido en el escenario de las luchas de América, que mi misión humana no era otra sino agregarme a la extensa fuerza del pueblo organizado, agregarme con sangre y alma, con pasión y esperanza, porque sólo de esa henchida torrentera pueden nacer los cambios necesarios a los escritores y a los pueblos.
Y aunque mi posición levantara o levante objeciones amargas o amables, lo cierto es que no hallo otro camino para el escritor de nuestros anchos y crueles países, si queremos que florezca la oscuridad, si pretendemos que los millones de hombres que aún no han aprendido a leernos ni a leer, que todavía no saben escribir ni escribirnos, se establezcan en el terreno de la dignidad sin la cual no es posible ser hombres integrales.
Heredamos la vida lacerada de los pueblos que arrastran un castigo de siglos, pueblos los más edénicos, los más puros, los que construyeron con piedras y metales torres milagrosas, alhajas de fulgor deslumbrante: pueblos que de pronto fueron arrasados y enmudecidos por las épocas terribles del colonialismo que aún existe”.
Nuestras estrellas primordiales son la lucha y la esperanza. Pero no hay lucha ni esperanza solitarias. En todo hombre se juntan las épocas remotas, la inercia, los errores, las pasiones, las urgencias de nuestro tiempo, la velocidad de la historia.
Pero, ¿qué sería de mí si yo, por ejemplo, hubiera contribuido en cualquier forma al pasado feudal del gran continente americano? ¿Cómo podría yo levantar la frente, iluminada por el honor que Suecia me ha otorgado, si no me sintiera orgulloso de haber tomado una mínima parte en la transformación actual de mi país?
Hay que mirar el mapa de América, enfrentarse a la grandiosa diversidad, a la generosidad cósmica del espacio que nos rodea, para entender que muchos escritores se niegan a compartir el pasado de oprobio y de saqueo que oscuros dioses destinaron a los pueblos americanos.
Yo escogí el difícil camino de una responsabilidad compartida y, antes de reiterar la adoración hacia el individuo como sol central del sistema, preferí entregar con humildad mi servicio a un considerable ejército que a trechos puede equivocarse, pero que camina sin descanso y avanza cada día enfrentándose tanto a los anacrónicos recalcitrantes como a los infatuados impacientes. Porque creo que mis deberes de poeta no sólo me indicaban la fraternidad con la rosa y la simetría, con el exaltado amor y con la nostalgia infinita, sino también con las ásperas tareas humanas que incorporé a mi poesía.
Hace hoy cien años exactos, un pobre y espléndido poeta, el más atroz de los desesperados, escribió esta profecía: A laurore, armés dune ardente patience, nous entrerons aux splendides Villes. (Al amanecer, armados de una ardiente paciencia entraremos en las espléndidas ciudades.)
Yo creo en esa profecía de Rimbaud, el vidente. Yo vengo de una oscura provincia, de un país separado de todos los otros por la tajante geografía. Fui el más abandonado de los poetas y mi poesía fue regional, dolorosa y lluviosa.
Pero tuve siempre confianza en el hombre. No perdí jamás la esperanza.
Por eso tal vez he llegado hasta aquí con mi poesía, y también con mi bandera.
En conclusión, debo decir a los hombres de buena voluntad, a los trabajadores, a los poetas, que el entero porvenir fue expresado en esa frase de Rimbaud: sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres.
Así la poesía no habrá cantado en vano”.

viernes, diciembre 14, 2007

UNA VEREDA PUEDE MODIFICAR LA IDEA DE VIVIR


Los seres humanos están reunidos en Europa, Estados Unidos y parte de Asia. ¿Qué hay en África del Oeste? ¿Quién esta en el archipiélago de Oceanía? ¿Cómo viven en el Medio Oriente? ¿Cuantos seres humanos viven en Groenlandia? ¿Y los países de las Antillas con el Caribe están en la OEA? ¿América del Sur tiene todavía colonias en sus territorios? 

Las grandes urbes de Europa están saturándose de gente que huye del campo, que migra porque la agricultura ya es solo y exclusivo trabajo de los árabes, latinoamericanos o africanos, ya no es más para ellos.

Los hijos y los hijos de los hijos ahora solo quieren realizar el trabajo intelectual ,han dejado el ganado libre en los prados exuberantes de vegetación sin asistencia , lo han dejado reproducirse sin control de natalidad ,en condiciones silvestres para el peligro de las carreteras como sucede en Australia con los canguros.

¿Por qué vamos hacia el mismo lugar? ¿Por qué nos alojamos en el mismo edificio? ¿Por qué caminamos por el mismo boulevard? ¿Por qué frecuentamos la misma cafetería? ¿Por qué usamos la misma marca? ¿Por qué vemos el mismo programa de televisión? ¿Por qué hacemos las mismas etapas de un profesional con familia que es presumido y cómodo? ¿Por qué adoptamos los mismos errores, los mismos vicios? ¿Por qué nos realizamos mecánicamente sobre las reglas de unos cuantos? ¿Por qué nos levantamos a las 7 a.m y nos acostamos a las 10 p.m? ¿Por qué comemos en simultáneo y vamos al mismo supermercado? ¿Por qué vamos en la misma dirección? ¿Por qué dejamos el campo y nos vamos hacia la ciudad? ¿Por qué buscamos la respuesta de nuestra solución fuera cuando puede estar dentro o alrededor de nosotros mismos? ¿Por qué nos aglutinamos como sardinas en el tránsito de una Shanghái contaminada cuando podemos caminar libres y pensantes por las calles remotas de un Surinam? ¿Por qué nos juntamos como insectos cuando podemos distribuirnos y distribuir de una mejor manera el planeta que nos ha tocado vivir? ¿Por qué seguimos respirando un aire que ya esta toxico y nocivo en las ciudades industriales y gubernamentales, cuando hay uno limpio y saludable en las zonas rurales?

Los seres humanos están dejando sus haciendas de leña al fuego, desgarbadas de historias, de amaneceres cálidos, de comunidad solidaria, de laberintos en el maíz… para irse a la ciudad apenas se cumpla la mayoría de edad, a un departamento de aire acondicionado, a estudiar o trabajar en una oficina complementado de una computadora y adormecido en el silicio.

Debo preguntarme porque lo hacemos, cuando debo preguntarme que es lo mejor para nosotros y para el lugar donde estamos, debo preguntarme si simplemente puedo elegir ir por la vereda que nadie transita y oxigenar mis pensamientos con el aire que nadie utiliza, para sentirme distinto y lúcido en una mejor decisión, en un nuevo ser humano.

miércoles, diciembre 12, 2007

GABINETE DE ADVIENTO



Aquí completamente disminuido
colmado de afonía,
con los manteles impregnados de penumbra
aguardo sin sano juicio la tónica perturbadora
De los elementos electrónicos.
Cuento indefinidamente el cero
Con las manos torcidas
De tanto simular una brujería de sombras,
De tanto pecar sin haber conocido el preciso motivo,
De sellar con significativos gestos
La casa metida entre la bendición y el infierno.

¿A que le temo?
Como si algo se moviera
En un radio en torno a mí
¿A que le temo?
Si el lóbrego es la paranoia de mi cerebro
La glacial atmósfera los escalofríos de mi enfermedad crónica
¿A que le temo?
Si esta es la negación de la luz y nada más.

martes, diciembre 11, 2007

PREMONICIÓN SUB LUCTUOSA


En un lugar cualquiera y prohibido,
una morada en ruinas
los temores constantes -también parte elemental-
como lo son las físicas,
para edificar:

[ L A C A S A D E L OS S U E Ñ O S ]

[ L O S R I T U A L E S D E C O M P E T E N C I A ]

TRAFICANTE INTELECTUAL


El escritor es un traficante de ideas e historias, quizá sea al que se debe tributarle cualquier aporte de los simples humanos que no entienden nada de eso.
El escritor, es el recopilar asignado para administrar este negocio intelectual.

Brevedad

ENTENDIMIENTO: ALEJO CARPENTIER


082## Aquí dentro ,en mi secreto conservo un misterio que se va ventilando conforme el tiempo apremia mas adversidad...

647## Las especificaciones ,los fragmentos,los detalles, las minucias,las lineas ,el párrafo,toda minúscula declaración cae en el vació de la amnesia inconsciente,aquí en el nuevo mundo ,en el nuevo tiempo acelerado y de juicios instantáneos ,hay una sola definición aceptable ,las conclusiones ,los grandes rasgos, la inmensa biografía,lo total en sentido mas exacto...

077## Cultura es el acopio de conocimientos que permiten a un hombre establecer relaciones, por encima del tiempo y del espacio, entre dos realidades semejantes o análogas, explicando una en función de sus similitudes con otra que puede haberse producido muchos siglos atrás. 

985## El hombre nunca sabe para quién padece y espera. Padece y espera y trabaja para gente que nunca conocerá, y que a su vez padecerán y esperarán y trabajarán para otros que tampoco serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorgada. Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es. En imponerse tareas. En el reino de los cielos no hay grandezas que conquistar, puesto que allá todo es jerarquía establecida, incógnita despejada, existir sin término, imposibilidad de sacrificio, reposo y deleite. Por eso agobiado de penas y de tareas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre sólo puede hallar su grandeza, su máxima medida, en el Reino de este Mundo....

domingo, diciembre 09, 2007

DESMATERIALIZACIÓN CONSCIENTE


En la habitación todo se mueve
los eventos metafísicos retroceden en un pacto adversario,
me desmiento,
ahogo los dolores en el agua tibia,
y me salpico de materia hervida
los pantalones húmedos del último pánico.

No puedo salir caminando
tropiezo con las agujetas desajustadas que rotan en el suelo como yo lo hago,
no puedo pensar en divergencias,
cosas que me hacen daño,
trabalenguas de episodios emocionales:
calendarios inconsecuentes, meses amnésicos
octubre, junio, febrero, años bisiestos.

Volúmenes de historia interceden,
me causo lastima,
es otra parálisis del sueño que ya invadió mi realidad,
no tengo palabras dóciles, no tengo filosofía viviente que argumentar,
tengo un vocabulario inédito,
con la pronunciación petrificada
el ácido de la desgracia disuelto entre mis piernas que se arrastran
mi físico que no obedece a nada,
sintiendo que ya soy inerte
inerte sin saber que ya soy de barro.

viernes, diciembre 07, 2007

PREDILECCIÓN: JORGE LUIS BORGES en ESCENA


Borges entre su palabra oral y su palabra escrita, expuesto como casi nunca, porque la biblioteca era su contenedor y su confesatorio.
En esta retrospectiva al Borges originario, a su parentesco y sus raíces nos muestra con su humildad ,modestia y timidez cálida, el conocimiento ilimitado de su procedencia, de su simbolismo ,de todo lo demás que se sabe y lo que no se sabe de él.

Borges el maestro , muestra la diferencia de su capacidad intelectual, sin tomar en cuenta que lo hace casi siempre.

J.M. COETZEE LECTOR

Una mirada a Los mecanismos internos (Inner Workings), reciente libro de ensayos del Nobel J.M. Coetzee.

Los mecanismos internos (Inner Workings), del Premio Nobel sudafricano J.M. Coetzee, reúne los ensayos sobre obras y autores que durante la primera mitad de esta década publicó -sobre todo en las páginas de la New York Review of Books-, el novelista de El maestro de Petersburgo y Foe, esos dos libros que prolongan y modifican a través de la imaginación verbal las creaciones y las biografías de Fedor Dostoievsky y Daniel Defoe, respectivamente.

Jorge Luis Borges -a quien dedica Coetzee un ensayo minucioso y lúcido en un volumen anterior, Costas extrañas- escribió, en el prólogo a su Historia universal de la infamia: "A veces creo que los buenos lectores son cisnes aún más tenebrosos y singulares que los buenos autores". Todavía más excepcional, se diría, es la especie de quienes, como Borges y Coetzee, saben conjugar la creación artística con el ejercicio de la crítica: "críticos practicantes" llamaba el poeta T.S. Eliot (que fue, sin duda, uno de ellos) a escritores de ese orden.

A Italo Svevo, cuya novela La conciencia de Zeno ganó nombradía y lectores gracias al solidario entusiasmo de James Joyce, se consagra el primer artículo de Los mecanismos internos. El modo de operación del ensayista se revela, ejemplarmente, en ese texto inaugural: el bosquejo biográfico de un autor se engarza con la exposición de sus obras. ¿Es que los hechos de la vida explican el sentido de la escritura? Coetzee -que, en Infancia y Juventud, ha usado la tercera persona para contar su autobiografía- cree más bien lo contrario. En su visión, el autor existe en (y por) sus textos, pero esa existencia sería imposible e impensable sin la realidad biológica e histórica. Así, el escritor convive con su ser de carne y hueso: es él mismo y es su doble. La literatura, por otra parte, no refleja a la época, sino que la revela. Vale la pena notar que Italo Svevo -es decir, "Italo el suavo"- fue el seudónimo tras el cual se encubrió Aron Hector Schmitz. Zeno, el neurótico e irónico narrador de la obra maestra de Svevo, desmenuza su vida en busca del secreto de su carácter y, en ese proceso, sugiere que la enfermedad que lo aqueja es intelectual y moral: "La dolencia de la que Zeno quiere y no quiere curarse es a la larga nada menos que el 'mal del siglo' de la propia Europa; tanto La conciencia de Zeno como la teoría freudiana son respuestas a esa crisis de la civilización".

EUROPA CENTRAL: EL MALESTAR EN LA CULTURA

El malestar en la cultura tomaría una forma apocalíptica con los horrores de la primera y la segunda guerras mundiales. En ninguna parte se sintió tan agudamente ese malestar como en la Europa central, que hasta 1918 estuvo bajo el dominio del decrépito imperio Austro-Húngaro. La ciudad en la que se formó Svevo fue parte de ese imperio, como lo fueron también la Praga de Kafka, la Budapest de Sándor Márai, la Drohobycz de Bruno Schulz, la Czernowitz de Paul Celan y, por supuesto, la Viena de Robert Musil y Joseph Roth.

De la nómina anterior, solo Kafka no figura entre los autores a los que Coetzee dedica ensayos íntegros en Los mecanismos internos, aunque a él se refiere en un pasaje del artículo sobre Robert Walser, el autor de Jakob von Gunten. Apunta Coetzee que "Barnabás y Jeremías, los asistentes que demoníacamente estorban al agrimensor K. en El castillo , tienen en Jakob a su prototipo". En todo caso, sobre Kafka trata uno de los ensayos de Costas extrañas y la presencia del autor de "La colonia penitenciaria" se insinúa al trasluz en una de las mejores novelas de Coetzee, Esperando a los bárbaros, esa perturbadora alegoría distópica en la que un sensato magistrado es sometido, en los confines de un fantasmagórico Imperio, a los extremos de la humillación y el dolor por los esbirros de un poder paranoico.

A las ficciones de Coetzee las distingue el examen -a la vez clínico y lírico- de la barbarie que el orden civilizado alberga. Algo similar puede decirse de Las tribulaciones del estudiante Törless(1906), de Musil, que Coetzee reseña con excepcional agudeza y en la cual ve "la figura del artista en los tiempos modernos, que visita las costas más remotas de la experiencia y trae, al retornar, su crónica". Otra visión de la responsabilidad ética del escritor se presenta en el ensayo sobre W.G. Sebald. Ahí, en el análisis de Austerlitz (2001), que juzga la novela más ambiciosa de su autor, señala que " tras el héroe erudito de Sebald, tan fuera de lugar a fines del siglo XX, rondan varios maestros difuntos de los últimos años de la Austria de los Habsburgo: Rilke, el Hugo von Hoffsmanthal de la 'Carta de Lord Chandlos', Kafka, Wittgenstein". A Austerlitz -como a Sebald y a Günter Grass, también presente en el libro de Coetzee a través de un ensayo sobre A paso de cangrejo- le importa y le preocupa que el artista cumpla con la obligación de mantener vigente la memoria cultural en un mundo donde el exterminio amenaza hasta al pasado mismo. Al peligro de esa amnesia se refirió Walter Benjamin cuando, en la sexta de sus "Tesis sobre la filosofía de la historia", advirtió a fines de la década de 1930 que "ni los muertos estarían seguros" si triunfaba la reacción. Coetzee, que no alude directamente a ese texto, consagra en cambio un artículo preciso e inteligente al pensamiento de Benjamin y, sobre todo, al llamado Libro de los pasajes, la inconclusa obra que Georges Bataille salvó del olvido después de que su autor, desesperado porque creyó que nada lo salvaría ya de caer en las manos de los nazis, se suicidara en la frontera franco-española a mediados de 1940.

LA ASAMBLEA DE LOS LIBROS

En la asamblea imaginaria de Los mecanismos internos, los idiomas mayoritarios son el alemán y el inglés: entre los dos, congregan a dieciséis de los veintiún autores. El italiano, el polaco, el húngaro, el holandés, el francés (por Samuel Beckett, que fue extraterritorial y bilingüe) y el castellano completan el censo de las lenguas. Coetzee lee los libros en el idioma original, salvo en los casos del polaco (en el cual escribió Bruno Schulz los admirables cuentos de Las tiendas de color de canela y Sanatorio a la hora de la clepsidra) y el húngaro (la lengua del prolífico Sándor Márai, cuya fama póstuma se debe sobre todo a El último encuentro).

Es recién luego de la primera mitad del volumen que aparecen los escritores de la comarca lingüística de Coetzee: Graham Greene, Samuel Beckett, Walt Whitman, William Faulkner, Saul Bellow, Arthur Miller, Nadine Gordimer, V. S. Naipaul y Philip Roth. Los textos tienden en esta parte a ser más breves y puntuales, sin que por eso sean desdeñables. Por ejemplo, son brillantes las reseñas de Brighton Rock, de Graham Greene, y de El hombre en suspenso y La víctima, las dos novelas tempranas de Saul Bellow. El artículo más polémico, sin duda, es el que dedica a La conjura contra América, la novela distópica y contrafáctica de Philip Roth.

Coetzee no deja de reconocer los méritos de Roth -que es, acaso, el más importante y creativo de los novelistas americanos en actividad-, pero le reprocha no haber sacado las consecuencias de la premisa de su ficción, en la que el narrador-personaje Philip Roth recuerda las vicisitudes que él y su familia vivieron, entre 1941 y 1942, bajo el régimen antisemita y pronazi de Charles Lindbergh.

Obviamente, en la vida real no hubo tal gobierno, pero ¿no tendría Roth que haber considerado, en el orbe paralelo de la trama, cómo esos dos años fantasmales dejan su trazo traumático en la siquis de los personajes? La pregunta es válida, como es también válida e interesante la hipótesis según la cual Gabriel García Márquez no sólo evoca al Kawabata de La casa de las bellas durmientes en su Memoria de mis putas tristes, sino que en su nouvelle de 2004 revisita -y, en buena cuenta, rectifica- el episodio de la desdichada relación entre el anciano Florentino Ariza y la púber América Vicuña en El amor en los tiempos del cólera.

Eruditas y sagaces, las inquisiciones de J.M. Coetzee demuestran que, en su expresión más alta, la crítica es un modo de interrogación, esclarecimiento y diálogo. Ni menores ni efímeros, los ensayos de Los mecanismos internos confirman que Coetzee es un interlocutor imprescindible.

diciembre 2 de 2007(Comercio/Perú)

martes, diciembre 04, 2007

SERES DE UNA PARADOJA


Dejamos de existir en una paradoja,
perdidos en esa incongruencia están nuestras protestas
nuestras revoluciones ideales, encubadas en nuestra memoria ,
la causa cualquiera
se ha extirpado con el toxico tiempo presente. 

Somos pocos, fuimos muchos,
decaídos en un rango de invidencia
estamos obligados a enmudecer
apenas cuando somos visibles ante el mundo.

Estamos seducidos y endulzados
en contenedores de entretenimientos e innovación
en los confines de las necesidades frívolas, visiones vulgares,
estamos siendo engañados por el facilismo de la disposición mas próxima,
estamos dejando de existir en una paradoja mas
en un día sin fecha mitológico
a la hora indefinida del antihorario,
estamos alimentado las barrigas industriales de los magnates
estamos uniéndonos al circuito maldito del sacrificio-compra-fidelidad-y cláusula sin recesión.

Estamos marchando en contra nuestra,
estamos partiendo de la paradoja ,del punto perdido en el tiempo de nuestras memorias
para pisotearnos las miserias
para odiarnos con los ojos canibalescos,
para creernos esclavos eternos,
para morir sabiendo nuestro infortunio...

Estamos dando vueltas,
desde nuestra paradoja,
estamos haciendo la antihistoria de nuestra juventud lucida,
ya no estamos cambiando el mundo,
se inhalan aires sin alivio,
lentamente decaemos fatigados en la vereda de sus pasos
y parece que nos resignamos
perdemos conciencia
y nos ensombrece la parábola de su fin.

jueves, noviembre 22, 2007

Neruda, el P Á J A R O

La imaginería de Pablo Neruda es prácticamente ilimitada, pues con su voz densa y cantarina no solo ha recorrido toda la historia de América y de sus gentes, sino también la geografía de estos bastos territorios, des de Punta Arenas hasta el Río Grande, sobrevolando Macchu Picchu y su territorio sin tiempo que solo sabe abrazar el infinito, la salazón marina, la orografía de los astros, la persistente lluvia de Temuco, los árboles, las flores, los helechos, pero también el Barbitruqui, el Humarante, la Quebrantaluna, la Octubrina, el Pájaro Jeroglifico, la Rascarrosa, el Pájaro Corolario, la Tumba, el Tintitrán, el Tontivuelo, y otros pájaros como el Pájaro Yo, al que el poeta le ha dedicado el poema, que La Ciudad culta publica en esta edición como primicia de oro y plumas para sus lectores. Este singular Pájaro Yo no es sino el poeta alado que surcando el aire va recontando su propio periplo vital, una biografía aérea y atmosférica de ese su canto azás furioso, ora tranquilo "volador de sombra clara y de claridad confusa", Pablo Neruda, le feliz contradicción de la poesía que perturba la normalidad, que corta en dos el sueño, que es la quilla en un zargazo imaginario en el centro mismo de la realidad, ángel de alas trisadas.

EL PÁJARO YO
(Pablo Insulidae nigra)

Me llamo pájaro Pablo,
ave de una sola pluma,
volador de sombra clara
y de realidad confusa,
las alas no se me ven,
los oídos me retumban
cuando paso entre los árboles
o debajo de las tumbas
cual un funesto paraguas
o como una espada desnuda,
estirado como un arco
o redondo como una uva,
vuelo y vuelo sin saber,
herido en la noche oscura,
quiénes me van a esperar,
quienes no quieren mi canto,
quienes me quieren morir,
quienes no saben que llego
y no vendrán a vencerme,
a sangrarme, a retorcerme
o a besar mi traje roto
por el silbido del viento.
Por eso vuelvo y me voy,
vuelo y no vuelo pero canto:
soy el pájaro furioso
de la tempestad tranquila.

Pablo Neruda publicó en 1967 Arte de pájaros, libro-joya para bibliófilos. De gran formato y edición limitada, Arte de pájaros (conocido por muy pocos en nuestro medio) presenta con ingenio, poesía y humor una sección dedicada a los Pajarintos, que son aquellos hermosos, orgullosos, misteriosos y siempre huidizos pájaros chilenos, la otra sección a los Pajarantes, que son dos con los cuales es imposible equivocarse: El Pájaro Ella y El Pájaro yo, este último que aquí publicamos y motiva esta nota.

Revista mensual La Ciudad , Arequipa diciembre de 2006

Repeat: UNA SOLA PIEZA


A solicitud de unas amigas del KKK, en el otro lado del CAZANOVEL, vuelvo a publicar aquí en el BHONAZGUNN este poema que viene de agosto del 2006, y que fue leído por Marco (nipi, kkk) en el palacio de la cultura en abril del 2007 de Arequipa a nombre mío.


UNA SOLA PIEZA

Se estremece para no intimar con ella,
Se aleja
Cuanto es necesario,
Se cubrió el rostro con su vergüenza,
Ignora un papel anotado donde llevaba graduales horarios y fechas,
Se detuvo para un respiro antes del error,
Volvió al camino nocturno,
Ceso de hablar y se extendió como un cachorro
Se meneo como una criatura que parte de cero,
O el proletario que fue tantas veces pisoteado por el patrón...

Continúa en la misma posición,
La gente lo ve y lo imagina autómata,
Se traga las imágenes asimétricas que pasan por su cabeza,
se traga sus palabras como saliva,
Muerde el polvo de los suburbios,
-Probablemente de la derrota-
El hace la historia de los “dos desconocidos”, en una sola pieza.

Se dice que nadie se percato de la silueta que dejaron sus posibles besos,
Se limito al ideal de su Genio querido,
Se limito a besarle la mano,
Y a ponerse rojo de furioso
cuando no había a quien abrazar en las noches de vela.

Se olvido
como se ponía el sol en las flores de su huerto
Y cuando las palabras no cedían de su boca,
Se le fue soltando de las manos,
Y los versos le fluyeron en su ausencia,
Se miro en ella a través de una ventana,
-No comentaron nunca que se reconocieron ese día-
una nueva filosofía aparecía en sus borradores...

Se alquilo una mascara y unos ojos de romántico,
Se inmunizaron desde un inicio
sin darse cuenta de la sobredosis,
Se mienten y sobreactúan a estas alturas,
La ciudad los separa,
Ella nunca mas hizo presencia,
El estuvo de soslayo, oculto muy cerca de ella.

Se han marchado por donde vinieron...
No se los ha visto en medio de ninguna parte.
Como si nada hubiera sucedido,
Como si esa historia nunca se hubiera escrito.

LA VANIDAD DE LA VIDA TERRENA


Es cierto que la tierra me da comodidad y alivio
me da aire y el agua vital
me llena de vida su naturaleza,
Y los seres me motivan
en el espejo la vanidad de la vida terrena.
Porque no debo o tendría que esconderme en la oscuridad
porque soy libre y visual como quiera y no soy mito
o correspondencia sobrenatural,
es la tierra
lo demás también es suelo
y no misterio vació,
la vanidad de la tierra
de mancharme en los lagos y los campos.

miércoles, noviembre 21, 2007

EL PROBLEMA de CHOMSKY

Hace veinte años, en su libro Knowledge of Languaje, Noam Chomsky identifico dos problemas del conocimiento humano. El primero es: ¿como es posible que con tan poca evidencia sepamos tanto? A este problema lo denominó el problema de Platón. Las ciencias físicas son un caso paradigmático de este problema: con información fragmentaria, inconsistente y empobrecida sobre el mundo externo, los seres humanos han logrado sistemas teóricos y predictivos extraordinarios. El segundo problema es la contraparte del primero: ¿cómo es posible que teniendo tanta evidencia sepamos tan poco? A este problema, Chomsky denominó el problema de Orwell. Una caso típico del problema de Orwell se manifiesta de la siguiente forma: ¿cómo es posible que sistemas ideológicos opresivos sean capaces de inculcar creencias en los seres humanos, creencias que son firmemente defendidas y aceptadas a pesar de que carecen de fundamento y muchas veces están en abierto antagonismo con los hechos más obvios del mundo que vivimos y nos rodea?
Chomsky ha hecho contribuciones sustanciales a ambos problemas. Respecto del problema de Platón, ha desarrollado la teoría lingüística más importante de la segunda mitad del siglo XX, denominada Gramática Generativa.
Sus aportes en este campo son tan desicivos que aún si uno objeta su programa de estudios es imposible ignorarlo. La cuestión central de la gramática generativa es simple: ¿cuál es la contribución genética que subyace a la adquisición y uso del lenguaje humano?
Supongamos que un órgano del cuerpo es responsable de dicha contribución, un órgano cognitivo a la par con otras facultades como el uso de la razón. Llamemos a un órgano tal la facultad del lenguaje. Entonces, el programa chomskyano es una teoría sobre dicha facultad.
La facultad del lenguaje humano, como su nombre lo anuncia, es una facultad específica del ser humano y es una facultad específica del lenguaje. En tanto lo primero, solamente los seres humanos la poseen y salvo casos patológicos su estructura es la misma en todos los seres humanos. En tanto lo segundo, esta facultad es responsable específicamente del lenguaje y no se desembalsa hacia otros sistemas cognitivos. Es posible que una facultad del lenguaje así caracterizada no existía, pero la apuesta del programa chomskyano no es que sí existe y que la asunción de tal órgano cognitivo es la única teoría que siquiera comienza a desempacar la posibilidad de adquirir y emplear un sistema tan complejo como el lenguaje humano.
Una tercera propiedad de la facultad del lenguaje es su completa autonomía.¿Autonomía respecto de qué? Usualmente se considera que el hecho lingüístico fundamental es la posibilidad de relacionar sonido con significado. Piénsese en una palabra, por ejemplo "perro". Esta palabra esta constituida por dos partes: sonido (la sucesión p-e-rr-o) y significado (cualquier cosa que "perro" signifique). Lo que sigue es un aspecto sorprendente del programa chomskyano: la facultad de lenguaje es autónoma respecto del sonido y respecto del significado.
¿Qué significa esto? Consideren el sistema digestivo del ser humano. El sistema digestivo es autónomo respecto de cualquier cosa que ingiere. Si comemos una zanahoria, los jugos gástricos harán su trabajo, se separará los nutrientes del desecho, etc. Exactamente lo mismo ocurre si nos comemos una hoja de papel. El punto es que el sistema digestivo es autónomo respecto de lo que ingiere. La facultad del lenguaje es igual. Alguien estornuda, alguien tose o alguien dice "Hay un perro dormido en la cocina" y la facultad del leguaje tratará estos fenómenos de la misma manera. Evidentemente, y tal como en el caso del sistema digestivo, en algunos casos habrá más nutrientes o más desecho que en otros.
Una de las consecuencias de esta posición es que la idea de que "el ser humano inventó el lenguaje para poder comunicarse" es ciertamente falsa. Eso equivale a decir que el ser humano inventó los ojos para poder ver.
Es cierto, sin embargo, que la facultad del lenguaje le hace concesiones al aparato fonético (encargado de los sonidos del lenguaje) y al aparato semántica (encargado de los significados del lenguaje). ¿Qué tipo de concesiones? Como que los sonidos deben linearizarse (es decir, unos vienen antes que otros: p-e-rr-o no es lo mismo que rr-e-o-p) o como que el sistema interpretativo de los lenguajes humanos no admite variables libres (no es gramatical decir en ningún lenguaje:"Hablando de crisantemos, los enanos llegaron tarde").
Chomsky distingue entonces la facultad de lenguaje en sentido estricto de la facultad del lenguaje en sentido lato (con las concesiones anotadas). Definir, estudiar, examinar una y otra constituye el centro del programa chomskyano. Me limito, en todo caso, a lo que el propio Chomsky llama "ideas directrices" (leading ideas) y dejo de lado las profusas y ampliamente aceptadas técnicas de análisis con las que viene su programa y con las que la lingüística tiene una deuda importante.

EL PROBLEMA DE ORWELLRespecto del problema de Orwell las contribuciones de Chomsky no son menos desicivas. Aquí, sin embargo, erramos si queremos buscar una teoría more geométrico como si es posible encontrarla en el caso lingüístico. Uno podría preguntar entonces ¿en qué cree Chomsky políticamente?¿Es una anarquista, un radical, un izquierdista, un anarco-sindicalista, un...?
Chomsky es un sujeto moderno en el sentido cartesiano del término. Chomsky cree en la razón, cree que la responsabilidad de los intelectuales -pero por extensión de todo ser humano- es "hablar de la verdad y revelar mentiras". Y esto no es algo que se hace una vez sino algo que persiste cotidianamente. La radicalidad del gesto chomskyano, su insoportable honestidad, yace exactamente en esto. Es cierto, se ha vuelto posmodernamente de moda relativizar la verdad hasta el punto de hacerla un mero tropo literario. Y, sin embargo, la mentira sobrevive. "Revelar mentiras" (olvídense, si desean, de la verdad) sigue siendo indispensable, éticamente indispensable.
Jacques Lacan (por quien Chomsky no tiene ni una palabra amable) sostenía que los seres humanos tienen tres pasiones: el amor, el odio, y la ignorancia. Esta última es la que estructura el problema de Orwell, la voluntad, la pasión, de no saber. ¿Qué hacer ante esta pasión y qué hacer, de paso, ante todo aquello que sí sabemos, configura un tercer problema, ya no del conocimiento sino de la responsabilidad humana?
No me parece descaminado denominar este problema como el problema de Chomsky.
A diferencia de los "intelectuales" cuya misión en la vida parece ser aguardar el Nobel, el problema de Chomsky es cómo es posible resguardar la seriedad del conocimiento en ciertas áreas (Platón) y revertir nuestra más terrible ignorancia en otras (Orwell). Aquí seriedad parece ser el sustantivo que falta. Y seriedad, el único sustantivo que la llena.
Dominical (Comercio-Perú), octubre 2006

martes, noviembre 20, 2007

SON LAS 7 P.M. ¿Y DÓNDE ESTOY?


Son las siete de la noche,
Y vuelvo al lugar
Que te contiene.
Hay un viento gélido
Pero no me detiene.
Pronto te veo,
Nos saludamos y luego,
Invento cualquier excusa
O te platico cualquier historia
Para obtener tu atención y sustraerte una sonrisa.
No obstante me aflijo cuando te noto agotada
Con tus ojos grisáceos
Casi perdiendo el vuelo…
No puedo evitar entonces
Vacilar tu ánimo
Y hacerte compañía,
Ver que tema ubicamos en el tocadiscos
Mientras los minutos avanzan
La gente se detiene, otros son presurosos,
Algunos te preguntan,
Y otros llevan su disco favorito a casa.

Pero ya se hizo muy tarde
En un momento más cerraras la tienda
Se acabaran las palabras
Y la música dejara de oírse,
La ciudad se hará más silenciosa
Y pienso si te iras sola
O si debería ir platicándote en tu camino
Para que al menos sientas, menos frió…

sábado, noviembre 17, 2007

LA "OBSCENIDAD"

Seducción y poesía en el salón de clases

Entre las muchas preguntas que aun no puedo contestar, hay una que atañe con la literatura en las distintas escuelas, el cómo la poesía como materia de enseñanza en el salón de clases. ¿Se puede enseñar algo tan personal y a la vez tan reacio a dejarse definir?
Muchos piensan que la enseñanza de la poesía, riñe frontalmente con la práctica de quienes la enseñan y, muy probablemente, de quienes son enseñados. Tal vez por esa razón han preferido convertir al poema en un objeto de estudio al que conviene acercarse del modo mas positivista posible -genio y figura del autor, corrientes literarias, figuras retóricas, metricas, etc.- o, mas contemporáneamente, como ilustración de una doctrina teórica. No estoy en desacuerdo con ninguno de los dos acercamientos, pero en ambos queda la incomoda sensación de estar imponiendo un placer creado en soledad y que busca la soledad de quien quiera libremente disfrutarlo. Por supuesto que ese placer compromete una compleja red de saberes necesarios para el disfrute, pero hay un punto muerto donde no llegan ni la información ni las propuestas teóricas. Este punto es la soledad creativa que se recoge celosamente en sí misma y se instala como una grieta en el tejido social. Pero incluso si reconocemos que esa grieta funciona como un síntoma definitorio del tejido social, la incomodidad persiste: ¿cómo se habla en el salón de clases de la obscenidad del acto creativo sin imponerlo, es decir, sin que pierda su necesaria condición obscena?
En un libro divertido y a la vez agudo Andrés Barba y Javier Montes recuerdan que la palabra obsceno viene del griego obs-caena, que significa situarse fuera de la escena, y discuten la la consideración tradicional del porno como "obsceno", es decir como algo que debe hallarse lejos de las miradas. Esta discusión me ahorra algunas consideraciones, pues la "ceremonia del porno" (tal es el titulo del libro) puede llevarse a cabo en espacios tan públicos como el cine y las salas de Internet. Pero incluso en esos casos la atención que reclaman las poses eróticas van dirigidas a una persona que se aísla voluntariamente de su entorno, como cualquier persona que lee poemas en un ómnibus o una plaza publica. Para esta situación del espectador que disfruta su placer particular en la escena publica, Barba y montes han rescatado el neologismo On/scenity propuesto por Linda Williams. La onscenidad alude "al gesto mediante el cual una cultura atrae
hacia la escena publica los órganos, los actos, los cuerpos y los placeres que hasta ese momento han sido considerados obscenos, esto es, forzosamente vedados a la visión". Esta definición conduce a pensar en la onscenidad como el pasaje de la intimidad privada a la escena publica sin que se pierda la condición de privacidad que define lo obsceno. Sin forzar demasiado el neologismo, podemos comprobar que esta negociación no siempre armónica entre lo publico y lo privado se produce en los grandes festivales de poesía, donde los poetas leen sus poemas a un publico masivo; pero también en aquel lector que, desde la mas absoluta soledad, se sabe objeto de una mirada que lo convierte en un actor que representa y planea cuidadosamente su papel.
Representar y planear. Palabras claves para definir la onscenidad de la enseñanza de poesía, donde se hace necesario introducir entonces a los alumnos como voyeurs en la escena del proceso creativo y dejarse llevar por el placer de reproducir dicho proceso sirviéndose de las distintas disciplinas según vayan apareciendo. ¿Es necesario contar con una sólida formación cultural previa? Por supuesto que no. En todo caso, no más que la que necesita cualquier muchacho o muchacha para experimentar libremente su propio placer sexual. El placer forma parte de nuestra tradición biológica, y en eso también se asemeja a la poesía. Ricardo Reis, el heterónimo mas clásico de Fernando Pessoa, decía que en todo poema, por pequeño que sea, debe notarse que existió Homero. Pessoa no nos dice que debemos conocer toda la tradición literaria para disfrutar un poema, sino que todo poema debe ser capaza de activar la tradición que nos lleve de la mano hasta Homero: como la sexualidad, el poema es siempre el punto de partida de una tradición, no su punto de llegada. Tener clara esta idea es esencial para abrir las puertas a la reflexión crítica, y dejar que entren libremente las otras disciplinas y los saberes teóricos. Las experiencias en el salón de clases dicen que un poema conduce a los alumnos a especular sobre una posible relación entre metonimia y fetichismo, entre palabra y deseo, entre silencio y erotismo, y sugerirles después confrontar sus ideas con las propuestas por Agamben, Lacan y Barthes. Lo mismo ocurre cuando el alumno descubre que las áridas informaciones sobre lo que tradicionalmente se ha llamado "forma" es, en realidad, el modo mas eficaz en que se expresa el "contenido", y que esa larga lista de figuras con nombres tan exóticos y hermosos como oxímoron, quiasmo o hipálage, mas que un ejercicio de memoria, forman parte de lo que Pascal Quignard llama "retórica especulativa".
Como el placer sexual, el placer literario es un constante y solitario ejercicio de seducción.

martes, noviembre 13, 2007

FHARKINSTON


Cortar el fuego con una mano,
Viene temblando entumecida,
Se asistirá pálida
De engaño y mentira
Para parecer templada como sana.
Tengo razón en nada,
La buena vida tendrá complejos de conformismo,
La puerta detiene todo lo que viene
Y deja libre lo que no estaba.

lunes, noviembre 12, 2007

27 MINUTOS PARA 10 BREVEDADES


10. Movió una piedra y dejó un hueco.

9. Apago el fuego con la mano helada.

8. El piano corto la tempestad.

7. Retorcido pero moral , exitoso pero solitario.

6. La metamorfosis sucede en el cuarto de baño.

5. Acostumbra tener conciencia entre la multitud habitual.

4. La vela ilumino la oscuridad indigente.

3. Los roedores son fantasmas del miedo pasado.

2. El tiempo anda suelto mientras nosotros discutimos.

1. Medianoche en la azotea, el hombre contempla el firmamento cósmico.


...Improvisación de Paolo

EL MAESTRO DE PETESBURGO

La narrativa de J. M. Coetzee -Premio Nobel de Literatura 2003- nos remite casi siempre a sociedades problemáticas, como la propia Sudáfrica de la época del apartheid en la que el escritor creció. Sus protagonistas parecen encarnar las contradictorias tendencias, hacia el bien y hacia el mal, del contexto, como sucede con el anciano profesor de Desgracia (1999), su novela más celebrada. A ello hay que sumar la constante reflexión de Coetzee, acerca de la representación literaria de esos conflictos. Una de las novelas en que esas tres instancias se integran mejor es El maestro de Petersburgo (1994), ficción en torno a la vida del escritor ruso Fedor Dostoievski que acaba de ser reeditada en nuestro idioma.

Coetzee, nos presenta a Dostoievski (1821-1881) llegando a la ciudad de Petersburgo en 1869 para averiguar acerca de las circunstancias de la muerte de su hijastro Pavel -estudiante universitario-, aparentemente un suicidio. Acongojado y con sentimientos de culpa por su ausencia (las deudas de juego lo obligaban a vivir en el exilio), reconstruye los últimos días de Pavel gracias a los testimonios de Ana y Matryona, madre e hija dueñas de la casa en la que se alojaba el estudiante. Y también del comisario Maximov y Nechaev, líder de una agrupación política terrorista (de la que Pavel formaba parte), quienes se acusan mutuamente del asesinato del joven.

Paralelamente a esta trama, se produce una metamorfosis en el protagonista, quien va haciendo suyos los sentimientos y emociones de su hijastro. Se establece en la habitación de Pavel, duerme en su cama y usa sus ropas. A pesar de estar casado, D (el personaje) inicia un romance con Ana y una problemática relación con Matryona (casi una adolescente), ambas confidentes y hasta cierto punto enamoradas de Pavel. El tortuoso proceso de identificación, descrito por Coetzee con intensidad y economía literaria, llega al punto crítico cuando D recupera, tras muchas discusiones con Maximov, unos manuscritos de Pavel que muestran su secreta vocación literaria y el odio que sentía hacia su padrastro.

Por estar centrada en un personaje histórico y remitirnos a un contexto tan específico como la Rusia previa al triunfo de la revolución, se podría pensar que estamos ante una novela histórica; pero el escritor ruso no estuvo en Petersburgo en 1869 y su hijastro verdadero murió después que él. Coetzee no parte de la historia sino de la narrativa de Dostoievski; de ahí proceden casi todos los personajes (Maximov, Nechaev, Ana) y buena parte de las situaciones y de las reflexiones del protagonista. El texto se convierte por eso en una original recreación del universo dostoievskiano, en la que es posible encontrar elementos propios de la narrativa de Coetzee, como su compleja visión del erotismo.

El eje principal de tan elaborado palimpsesto es el asedio al acto de creación literaria misma. En las primeras páginas encontramos a D enfrentando un bloqueo literario ("pasa la mañana sentado ante el escueto escritorio de su cuarto, pero no escribe ni una palabra"), el que recién será superado en el último capítulo, cuando "toma el diario de Pavel y vuelve las páginas hasta la primera que está vacía..." y escribe un relato, titulado La vivienda, en el que aparecen ficcionalizados Pavel, Matryona y Ana. Las experiencias y emociones han sido por fin asimiladas, y el escritor puede transformarlas en literatura, aunque por ello sienta que "ha traicionado a todos".
Hay muchos otros temas en esta compleja novela, entre ellos el de la problemática relación entre padres e hijos, que en el contexto del relato se convierte en el enfrentamiento entre los defensores del orden establecido y los revolucionarios. Acaso la densidad de contenidos, las alusiones intertextuales no tan evidentes y el carácter simbólico de algunos sucesos entorpezcan hasta cierto punto la dinámica narrativa. Pero ese desafío a las expectativas del lector es también parte de los cuestionamientos metaliterarios de El maestro de Petersburgo, una de las mejores novelas de J. M. Coetzee.

domingo, noviembre 11, 2007

CLÁUSULA DE INDIGENCIA


Una vez mas las calles me golpean .No puedo ser don despistado y pasar como todos por sobre ellos sin hacer algo, sin mover ni un dedo. Otra vez me vienen estas voces que no tienen origen, esta culpa dirigida con premeditación hacia mí. No puedo ya huir y caminar sin sentido hacia ninguna parte, porque el tormento de los desprotegidos alude a mis sentidos una misericordia no apática.
Estoy a punto de desaparecer sin que nadie me vea cuando lo haga, a punto de partirme en mil fracciones y terminar en las peores alcantarillas como cualquier roedor del submundo. Pero pienso en esta cobardía, como me dirige involuntariamente vertical por el camino entre la multitud que viene y va y que no hace un alto, que no se percata ,que no actúa de inmediato, que espera las fechas donde hay que ser un ejemplo de ser humano ,para hacer el bien a los demás. Se que son miserias, por la pena que los acoge los rostros enjutos,encarecidos,oscuros en esas veredas nocturnas, casi siempre gélidas por la humedad de sus lagrimas, la indiferencia de sus pisadas y las insuficientes palabras.

Pienso que ahora que no puedo dar un paso mas, y que me voy debilitando junto a ellos, pienso que nunca he sido solo yo ,que yo era por muchos una parte ,una representación ,una solución de la que ellos dependían y alentaban ,pero que yo ignoraba. Así ya entendiéndome, me dedico a fundar en medio de las calles que me golpean una posibilidad, una ultima esperanza.