lunes, agosto 24, 2020

RADIOGRAFÍA


No me importan las revoluciones temporales definidas,
solo me intereso en la vehemencia de elementos
esforzándose
ante un tumulto de obstáculos naturales,
que son lógica desde los rincones predecibles,
por la irá de vencer cualquier circunstancia,
de no volver a repetir palabras o comportamientos, 
de no detenerme a pesar de una señal prohibida.

Me conozco cuando decido parar,
y cuando me caigo
ardiendo de dolor,
y cuando me equivoco y lo asumo con gracia,
conozco las palabras que diré
y las cosas que dejaré pasar por alto,
sin atreverme a conformar la sintaxis del NO,
porque aún tengo música 
como una dosis infiltrada,
calmando, razonando en voz tenue,
que me hará volver al camino, 
al incansable andar consecuente
de pensamientos secretos; 
denodada vibración en un holgado espacio solitario.

Nada me hará cambiar de opinión, 
letras o números, 
metafísica o cibernética…,
volveré a dar giros en imaginaciones 
y al oculto misterio de sueños sin fin.

No requiero extensiones artificiales  
que me motiven a recrear contextos absurdos,
mi necesidad es un conducto hacia el drama
sentir la persecución de alguien que me observa,
asociar mis imaginaciones hechas de muchos retazos ,
modificar mi obsesión al ritmo,
alterar mis actos incuestionables,
combinar cada sentido,
mirar en una sucesión acelerada 
realismo y deducciones, 
con el cual me pueda reír de asombro o de costumbre,
hacerme el desfallecido que está dejando de respirar
mientras construyo una vida intocable.
No me importa si mañana vuelvo a conocer síntomas de desolación
porque ya he sentido el frío que te puede llegar a consumir,
la indiferencia que te convierte en el más pequeño
y te hace ceder debilitado a desaparecer;
no me importa hasta qué punto sea la caída,
mi espíritu sigue siendo el mismo
y las inquietudes todavía están presentes,
puedo esforzarme
alimentándome de ira, injusticia, desconcierto, angustia, adversidad…

Soy incansable,
gracias a esta flexibilidad de sonreír en la peor situación,
y de mantener el buen ánimo
siempre consciente de mis facultades.
Me gusta esto de existir
y sé que pronto veré con claridad 
lo que ahora está ensombrecido,
el andar no puede durar toda una vida,
los distintos caminos solo son parte de un juego
que hará hasta lo imposible 
por detenerte o desviarte de conseguir
el sueño que te hizo el hombre más feliz de la tierra.

CUANDO EL TIEMPO ACABA


Todo empezó con la toalla de baño. Dormía placido entre las 8 y 11 de la noche, de súbito desperté por un extraño sonido fuera de mi habitación, abrí despacio la puerta, saque la cabeza, ni un solo ruido a lo largo del pasadizo del segundo piso, seguro fue algo que estaba soñando, sentí la necesidad de caminar hacia el baño, me eche agua en el rostro, cogí la toalla y me sequé como intentando quitarme cualquier despojo de sueño que aún me restaba, quizá friccioné con mucha intensidad que la toalla me mostró sangre y una materia desconocida. Levanté mi cara hacia el espejo, aún no veía nada en él porque no tenía ninguna lámpara prendida, buscaba el interruptor con ansiedad, cuando lo encontré, presioné con cuidado en on y no lo podía creer, se aceleró tanto mi corazón que en definitiva no era un sueño, era real, tenía ante mí una visión absurda, un rostro tan limpio y sin expresiones como es la espalda o cualquier segmento de la piel humana extendida sobre una cavidad, como si fuera plástico derretido y alisado al mismo tiempo para mejorar las imperfecciones que salen o ingresan del rostro. Sin ojos, sin boca, sin orificios nasales y con el cerebro agujereado por donde me salían centellas oscurecidas. Cómo podía verme entonces, no lo sé, solo sabía que era yo, no se puede hablar por otro, estando plenamente consciente de su existencia en el ahora, no podía tener temor de mí, más de lo que veía en ese momento. Yo un ser sobrenatural actuando de forma típica pero con un sentido auxiliar que podía palpar, oír, sentir y ver, el cual desde luego no podía reconocer en qué parte de mi cuerpo se encontraba. Me dejaba llevar por la percepción, por ser sombra difusa y no poder coger nada más que el trémulo, sentir escalofrío, tensión y pensamientos encadenados de recuerdos y perspectivas, calculando cada cosa, enumerando los pasos para salir o querer traspasar los muros, memorizar cada acción, experimentar con cuidado cada movimiento, mi lista de acciones e intenciones concatenadas a otras para vivir en la millonésima fracción o la macroscópica visión del universo, repudiando lo que soy ahora, asco por mi inmundicia para arrastrarme estando sensato, maldiciendo quizá lo que hice mal, por cuánto fui torpe o lo que me faltó por alcanzar una vida nueva, un cuerpo apropiado, una inteligencia promedio, mis facultades a prueba de cualquier adversidad o comodidad…

domingo, agosto 23, 2020

SABIDURÍA


La sabiduría es un tema diario.

Comienzo.

La puerta abierta genera dudas. Lo digo por quienes se fueron y no volverán. Al final se quedará uno solo.

Es simple, pedir soledad en pleno tiempo de desinterés.

El frío irrumpe más, los minutos sagrados que deambulo queriendo todo en un momento, me contienen a pesar de cualquier iniciativa.

No hay fuego y las revoluciones del sinsentido imperceptible culminaron con los muebles nuevos, con el televisor nuevo, con las zapatillas de marca y el teléfono smart.

Siendo sincero, la poesía ha quedado en mis prioridades cómo una nostalgia de carácter inmaduro e innecesario. 

Lloro con los instantes de cine clásico, ese que se reinventa cada cierto tiempo en formatos de gran definición y que me hacen retroceder más en el tiempo para revelarme el chispazo de sensaciones que me fueron negadas en todas las etapas de mi vida.

Lo demás, frívolo, insípido, en conjunto un imperio visual que me niego a obedecer, para comer alimento marginal sin digestión, que por el reflejo de conmociones y/o repugnancia, recuerdos mal habidos o disparates enésimos como manías autodestructivas, las impulso sin medir cautela hasta el océano de mierda. 

(Toda la crítica es bien entendida respecto a la tensión y espera del público, esa gran presión-peso multitudinario por el producto, hace de actores y producción un efecto fugaz de final y poco a nada, la espera en el vació porque la presión en el hombre es demoler la imaginación que se pretendía)

Me obligo a servir y a entender.

Me obligo a ceder por el asco del intercambio.

¡Entendamos!, quiero decir:
No escucho respuestas, solo imprudencia, cosas sórdidas que me descomponen pero que las contengo con censura en la boca, en los ojos, en la piel, en mis oídos y en un espacio anacrónico a veces supra-humano, supra-inhumano.

Interlude: APARIENCIA


Cuando todo luce impecable
el brillo se hace notar,
los rótulos resplandecen en perspectiva interesante de color,
de relevancia
de volumen
de calidad
de forma
de fuente 
de estética
y de trabajo del hombre,
sin embargo,
se acrecientan las distancias,
todo lo extraordinario parece intangible...,
presiento que no es más que un espejismo.

viernes, agosto 21, 2020

LA PESADILLA DEL TIEMPO PASADO


Me levanté delirando en la pesadilla de tiempo pasado,
fue de madrugada, 
el silencio prematuro,
la oscuridad absorbiéndome.
A veces no quiero dormir
la ensoñación me tiene al filo de las horas,
no quiero asentir, 
es un gesto inmaduro que quedó atrás;
mis deseos son una mezcla de nulidad y sensatez.
Quiero volver a ser el mismo,
el mismo olvidado en alguna parte 
mientras avanzaba, caía y me perdía en pasillos de espera
y volvía para contar mi verdad
en una simple hoja de papel.

Se van extraviando emociones y alegrías sinceras.
Cómo decir que alguna vez tuve este amigo 
porque teníamos tantos temas en común
y ahora somos caras opuestas con el paso de los años.

Mi sabiduría es minúscula, 
quiero saber más pero estoy limitado en cualquier aspecto.
He visto que levantar la mano 
como acto de saber o de completar mejor una idea
es para sentirse avergonzado entre tantas miradas amenazantes;
al final sabemos tan poco 
y resolvemos chispazos de este mundo que dice renovarse
y termina siendo el mismo,
una gran mentira en todas sus dimensiones.

No nos entendemos,
la mente cerrada,
los mitos seduciendo a la masa cuando ésta lo requiere;
los tiempos se suceden en alegorías y supersticiones, 
en el fondo seguimos con la consigna tradicional,
ignorantes que se dejan deslumbrar por un ridículo ego.
 
No me siento bien, la verdad, 
las horas para mí son un apremio implícito de liberación.
Ser libre quiere decir
ironizar todo lo que no me resulte aceptable;
el orgullo se esconde
y cuando ve la ocasión,
sale para defender un castillo de naipes.

Malditos días los lunes,
apenas abro los ojos para renovarme una vez más
y pronto los estoy cerrando
un viernes por la noche,
cuando todo el mundo descansa,
agotado en una litera, 
en el colchón endurecido 
que al menos me deja desaparecer
después de trabajar como si mi vida entera se diluyera en tanto esfuerzo
y la tarea repetitiva anulara las últimas ilusiones;
solo me queda soñar en un soleado fin de semana,
en dudar y permitirme escapar imaginariamente 
en medio de ninguna parte…

Llego a casa y los quehaceres me devoran en vida,
quiero algo más, 
y no creo que la familia sea una vía de escape para sosegarme, 
solo es un caparazón para sentirse al amparo y aceptarse tal cual,
no se necesita ir más allá, 
no es posible competir y atreverse por donde nadie lo intentó,
fallar en el acto es como no perder algo que valga la pena
porque ya todo parece consumado
en el anhelado almuerzo del mediodía, 
en el televisor siempre encendido que ha crecido con nosotros,
padre, madre y el mejor amigo.

Intentos de locura, 
persecución hasta llegar a un lugar desconocido 
y reconocer rostros que nadie observó, 
que nadie más pudo tocar.
Seguir de esta manera, 
debajo de los sentidos incisivos, 
sin dejar rastro 
y con la indiferencia de reconocer 
con quien mantuviste un pasado. 

Alejarme, 
un lugar como yo aguarda mis comentarios críticos,
pero a mí no me restan signos de vida, 
las probabilidades de convertirme en un hombre de bien
decidido a explotar todas sus facultades
decae en el horizonte. 
El sol deja de brillar,
estoy corriendo en dirección del fin del mundo,
también me convierto en mitología de un tal anónimo.
Una sucesión de más líneas en abandono del alma,
una cuestión de salir y responder con más sensaciones de auxilio,
cuando las cosas no significan la misma forma
y creo sentir el afecto de alguien, 
quizá de ese dios abstracto que nadie puede ver 
y sintoniza en extraños momentos y delicados sentidos.

La pesadilla del tiempo pasado, 
algo que nunca podré olvidar, 
no quiero cerrar los ojos por puro cansancio
es mi vida un camino permanentemente consciente.
Si soy absurdo o no lo soy 
si me permito brazos caídos 
y templados órganos como ductos emocionales.
No requiero de más personas,
cada quien baila con su pañuelo,
trato de oírlo pero mi práctica cede a contradecir.
Las casas seguirán selladas,
tenemos tantas cosas en común,
este aire, ésta tierra, aquella pesadilla del tiempo pasado…
En la imaginación anterior, 
el timbre de la música que corre por una sola vía,
y me acostumbra el oído 
a escuchar sentimientos de otros, 
los que se complementan con los míos, 
me hacen vibrar de emoción,
ganas de sentir a través de alguien que no sea yo, 
recrear paisajes inspirados en un déjà vu, 
cosas dispersas alrededor, 
una ciudad que se convierte en tristeza o felicidad,
cuando finalmente el cielo se despeja y puedo enjuagarme el rostro,
mi sombra cesa de deambular,
dejo la serie de hechos breves
y vuelvo al camino espontáneo,
cuando las puertas por fin cerradas
me muestren el gran estruendo.

miércoles, agosto 19, 2020

OBSCURA LIBERACIÓN (Presagio)


I

Cuando estremezca la hoguera roja,
no podrá detenerse,
no quedará humano con ganas de percibir semejante calamidad;
creerán que lo han visto todo
y que éste padecimiento se olvidará pronto.
Cuando estremezca la hoguera roja
las mariposas muertas volarán de nuevo 
con sus alas negras portadoras de pestes
y un día no será suficiente,
la desgracia será sentida en cada rincón del planeta,
un estruendo se escuchará en oídos de vivos y muertos,
quizá sea todo para cualquier forma existente,
el fin de una era,
a lo mejor sea la única forma de remediar errores y sanar heridas
de ésta civilización envejecida que crea y destruye a placer.

II

Ser libres será como adagio escrito en muros todavía en pie,
nadie más en su sano juicio será dócil a la mañana,
el aire no fluirá más por las ventanas abiertas,
la cama quedará solitaria
sin látigos que la aten, 
sin ásperos reclamos,
regocijándose toda saciedad,
alternando risa con sueño,
magia con sol;
cuando estremezca la hoguera roja,
no habrá valentía posible, 
los rostros pasarán como hojas secas de un árbol en pleno otoño.

III

Rememorar desvergüenzas
dentro de la belleza mundana,
será una prueba para naufragar y retractarse,
matar al ángel purificador que fue muy paciente en el fango.
Roto cualquier cristal de ilusiones, 
esperaremos juntos
a que el reloj incremente paranoias
con palabras siniestras,
obligándonos y sometiendo a crédulos e incrédulos
a cometer apatía
en medio de este tiempo aletargado de pesadumbre
y abreviado del vivir,
a fundirse en más aislamiento,
separarse en diversas identidades frágiles,
quedarse para temer en donde siempre se temió, 
sin orgullo que valga la pena,
pisoteando el jardín que florecerá,
mutilando anhelos que surgen al despertar,
hacerlo sin remordimiento, atendiendo insensato
que los pétalos perecen pronto,
manipulando en el vacío 
explicaciones delirantes,
automatismos al borde de más demolición 
sin saber de esta codicia desmedida,
siendo un cazador imprescindible para anteponerse al drama
de los que jamás llegan,
paralizados ante el perfume balsámico,
dulce pócima,
embriagador de corazones humildes,
que nunca dejaron de asentir,
y no llevarán la salvación momentánea al cuerpo disuelto en agonía.
Nauseabundos recuerdos bastarán, 
negarse también a un mundo renovado por una paleta de colores,
una dosis no será definitiva,
deambularemos solos con un animal atado al cuello
por la pampa de un estremecedor camposanto 
a la espera inconsciente del gran proyectil,
de la estirpe próxima,
del alto precio por conseguir la obscura liberación.

lunes, mayo 25, 2020

EL ÚLTIMO RETRATO


***Tributo a Rosita

Marzo otra vez en el calendario como algo imprescindible por esperar. 
Mi horario de trabajo por fin me deja libre, hace mucho frio a pesar de que aún no asoma la noche, me apresuro en caminar, es algo instintivo, lo sé, solo tengo una idea en mi cabeza, huir del centro de la ciudad, llegar pronto a la casa de mi abuela, eso hago, no lo medito, solo lo hago, camino inspirado en el afecto que tendré, dejando atrás la monotonía gris. Miro cosas, desafío fijamente el caos acostumbrado de las diligencias, del comercio, de la dinámica caótica aprisionándote la existencia, pretendo fumar para tragarme la frustración de este todo desbordado sin remedio, pero recuerdo que tendré dos o tres días de estreñimiento, la gastritis me tiene jodido y no necesito agudizar más mi salud. Mis manos siguen inquietas, mis pensamientos están en otro lugar, todavía siento una presencia tras mis pasos, aún tengo en mente la duda de saber quién pronunció las últimas palabras antes de… Todavía sueño una vida mejor, sigo esperando paciente la última puesta de sol y que alguien sin rostro pueda alcanzarme y me toque el hombro.

No puedo calmar el movimiento de mis ojos, se alertan por cualquier acto de vida, necesito café pero no lo encuentro, aun así no puedo sentarme en una mesa sin compañía, por eso camino, trato de despejarme y pensar en esa anciana tan querida viviendo en el barrio de los recuerdos, delicada de salud en esa cama desordenada, con algún niño jugando a su alrededor, durmiendo quizá a sus pies o en su cabecera donde custodia Cristo y su legión de santos y santas inamovibles. Pensar que en el patio de su casa el día se hacía interminable y las visitas nunca faltaban, como los pensionistas de las empresas de venta de automóviles, del parque industrial, ellos, familiares, extraños, gente de paso todos por su carisma y su magia en la cocina, sombras permanentes alrededor de la higuera del jardín, saliendo y entrando por el zaguán de los saltos y las escondidas, levantando la mano para saludar o decir hasta luego porque al final todos volvemos, retomamos el camino perdido y nos encontramos en una jarana, jalando ollas de ponche o comida, decorando con faroles las viviendas en la fiesta de las cruces mientras los pirotécnicos anuncian que las tradiciones siguen vivas y a la mañana siguiente te espera un plato de comida, en tanto la música suena y tu abuela sigue allí, nunca de mal humor, siempre contenta por tener presencias con ese abrigo que lo componía todo para brillar y sonreír a pesar de los rincones de angustia y las deudas anunciadas como los pasos de un gigante.

Caminar sostenido a un árbol que tiene una nube en lugar de hojas, floto en las pruebas atemporales para fingir y temer, tengo los pies sobre la tierra pero marzo se hace irreal, salgo a merodear por un puente, tiento la superficie para no pisar en falso, tomo entre mis manos el acero de una baranda que da vista a un precipicio y me fijo en la Luna como un gran ente difuminado, tras la espesura de una atmósfera mística, siempre glacial, un ojo empañado me acompaña para sentir sonambulismo, una entidad autómata atraviesa mi oído, el sonido es más perturbador con el retrato de un vecindario suspendido en el tiempo. Es una gran visión para besar el rostro de esa gran madre, esconderme en su habitación, donde no está más, e imaginar que también descansé profundamente después de sentir el afecto de sus manos...

Interlude: OMNISCIENTE I


Es sueño o realidad
pasar de un lugar a otro,
a otro bien
a otro mal
a otro distinto
deficiente, irreal, consumado de conceptos fríos
rasgos en miniaturas,
de otro a diversos
de un símbolo a un ángulo discreto.

Aguardo más,
necesito una rueda gigante acelerando mi sentido defectuoso
mientras mi respiración resuelve sensaciones encontradas.
Dormir demasiado es presentir un esbozo del día siguiente,
ver que las cosas nunca anduvieron bien,
percibir a gente indeseable hablando sin parar de cosas triviales,
palabras y palabras fáciles, 
simples, 
redondas,
elocuentes,
salpicadas de ocio,
que nada significan,
temas comunes que hierven en mi organismo
indigestión.

domingo, mayo 24, 2020

FIEBRE MARGINAL


Rememorar lo que pasó por mis ojos,
creer en lo insignificante y su efecto dantesco.
Tuve la sensación de una pequeña charla 
cuando el libro consumía mi vitalidad.
Un par de palabras para decirme esto o aquello
sin tener plena conciencia de escucharlas al unísono.

En simultáneo,
atisbar cautelosamente por encima del edredón,
no molestar el estado de conciencia,
los espectros del amanecer son las cuatro paredes,
solo se puede oír una explicación tibia
 ver el mundo es visibilidad
acumular deseos es ensombrecerse, 
excusas como ordenes habituales
para contraer pan,
las advertencias en la bolsa,
ahora que ser libres confronta una causa común,
alterar la vista desdeñada
por el persistente síntoma del párpado perplejo,
y el acoso secundario del cultivo social.

Muchos frutos ceden podridos,
no marionetas
no sonámbulos por doquier;
tenía mi propio régimen altruista,
era menester salir al frente
desencajar la retórica disconforme 
y ceder a una narrativa imparcial;
no hay modo de seguir un propósito
si sabemos por urdimbre popular 
un proceso igualitario en marcha,
un reconocimiento básico si tomas el micrófono
y dices tu nombre.


Esclavo digital

Leyendo libros con ReadEra https://play.google.com/store/apps/details?id=org.readera&hl=es

miércoles, mayo 20, 2020

CÁMARA SIN ECO


Tendré que callar,
me sinceraré conmigo mismo,
no dejaré rastro para dudar,
asumiré el devenir bajo cualquier precio,
no diré nada a nadie,
será como viajar en el tiempo:
Un hombre como cualquiera 
de los que van y vienen,
siendo testigo de una historia conocida,
aunque con los ojos del que ve siempre
y del que habla cuanto es necesario.

Retomar el ciclo invisible
siempre será la iniciativa,
voy a consumirme en un cartucho rojo de inteligencia,
iré pensando
con el paso del buen clima a mi favor
y la literatura experimental estallando dentro de mí.
Voy a dejar en libertad mi naturaleza contenida,
una vorágine sombría me cercena en uno, en dos…
Si pierdo concentración un mínimo instante
la vuelta atrás me diluirá en un charco lastimero,
conmigo arrastraré algunos objetos mágicos
olvidados en una remota historia de utopías;
estímulo, desahogo para transitar por línea peligrosa,
en dirección absurda subiendo la tangente
aprendiendo a empuñar muy firme,
temple para condensar silencio y resistir despierto
oleajes de medianoche, 
violencia entre cuerdas,
con muros imaginarios puestos delante de mis sentidos
a pura fuerza de negarme a aceptar
un maldito vaivén innecesario tradicionalmente ruin,
que me dispone involuntario a la deriva,
sin mencionar reflejos vocales
sin emitir juicios o comprender lo que sucede en la vida real.
Asimilar, nada porque alterarse,
nada del otro mundo como dirían, 
contar los minutos con los dedos
tragar saliva y dominar el arte de fingir o dormir 
mientras la crónica no se detiene,
permutando con el pasado y las sensaciones inestables
que me reflejan inmortalidad en fotografías a prueba de todo,
frente al polvo que desaparece
y el olvido que es cubierto por un gran desmonte de posesiones 
y cargos miserables.
No necesito más que una presencia,
agua diáfana vertiéndose a mi rostro,
reinventar los recuerdos con más caminatas,
asumir soluciones en orden consecutivo
con mis intenciones bajo control,
todo correrá sin flujo porque preocuparse,
nada surgirá mientras sea yo quien lo permita.

domingo, mayo 03, 2020

ENCUENTRO EN EL ESPEJO


Al parecer todo anda bien, de eso no hay duda. Sin querer he dado por hecho el agua potable que utilizamos, la luz eléctrica para cualquier propósito, la nevera siempre abastecida, una tienda a la vuelta de la casa, el transporte particular o masivo en cualquier horario, toda la ropa que tengo en el armario y en fin decenas de cosas que utilizamos cotidianamente y que son y no son indispensables según como cada uno vea si le es útil, sin embargo, hay algo que no está claro, hay algo extraño en toda esta comodidad, estando todo a nuestro alcance y siendo nosotros el fin supremo, como veo que lo es, aunque no sea lo que yo piense necesariamente. Este ideal de prosperidad desde luego es mejor que el de otras épocas, el ciudadano de a pie lo siente así, no obstante, siento indignación por el precio de estar y pertenecer al lado visible de esta historia, no nos hemos percatado por el modelo de vida que tenemos como objetivo final. Todo bienestar obtenido por el hombre es un perjuicio para el planeta a corto o largo plazo, de consecuencias mínimas si el raciocinio es el individuo, de proporciones ingentes si la felicidad popular son las grandes demandas cumplidas, por un anhelo errado de industrialización para exportar e importar en competencia constante. El intercambio a gran escala no se detiene nunca, solo una pandemia como la actual ha permitido un respiro, un alto obligatorio en la demanda mundial de una persona, de millones que solo vemos por la ventana el gran caos ahora refundado en una tierra nueva, en una esperanza quizá renovada. La consigna es no esperar otro golpe, por el contrario, se requiere actuar de inmediato, hacer hasta lo imposible por encontrarnos en el espejo y asumir, sensatos, lúcidos, reflexivos, que nuestra forma actual de vivir tiene un costo a cada minuto, sentirse bien no es una burbuja renovable ansiosa de más aplausos, de cifras económicas en positivo, prosperidad, orgullo estúpido… 
Algunos sentimos una inquietud desmedida, acumulada por mucho tiempo atrás. Esta situación debe cambiar, es urgente tomar el control, pasar del individualismo al colectivo, de la acumulación a la austeridad férrea y analizar punto por punto qué hace posible este ciclo perverso y, abolirlo en un plazo inmediato, como se resolvieron en su momento las injusticias históricas hacia la mujer, las páginas oscuras de la esclavitud, el sentimiento exacerbado del racismo, la hambruna de los pobres, la crueldad hacia los menores, los derechos del trabajador, el voto universal, las guerras sin derechos civiles y en fin tantas batallas en todo el mundo que aún siguen pendientes, no obstante, lo que toca ahora es capitular ante los hechos que no son razonables, que siempre conllevan al estatus vacío de la apariencia, a la exquisitez del gusto que está devorando hombres, tierras, recursos y crea esa gran ficción del orden social, del primer, segundo y tercer mundo, encubierto y concentrando grandes decisiones que construyen y destruyen por el poder del dinero, algunas veces bien utilizado por unos cuantos bienintencionados pero despilfarrado por la gran mayoría, el cual goza de poder adquisitivo como nunca lo tuvo y no considera reparo en alcanzar el nivel de vida que tanto anheló y hacer de sí un rey deslumbrado en su propio laberinto de lujos, vicios y pretensiones ostentosas, simplemente porque cree merecerlo después de años de trabajo, estudio, ahorro, sufrimiento, por el entorno, por los amigos, por la familia, por las exigencias que plantea el sistema; cree ser merecedor porque en la vida que llevamos siempre necesitamos un trofeo, algo qué alcanzar, algo en qué gastarlo como se debe y claro sin detenernos a pensar en los excesos, nada porque sentirnos arrepentidos ya que el ahora jamás te cuestiona. La gente no vive pendiente en cuánto se mueve la estadística de todo lo que hace o deja de hacer, cuánto impacta esto en su medio social o en las cifras macroeconómicas, asumiendo que como él, muchos en un tiempo distinto también actúan de la misma forma. El instante íntimo de una persona perdura en el reducido espacio en que nos movemos y existimos, sin pretender ir más allá, donde desemboca el agua, donde se pone el sol o donde se cierne un fenómeno extraño sin interés para la forma de ver o pensar acostumbrada, solo lo hacemos como nos demanda la circunstancia, por encima de muchos, a expensas de un interminable proceso de hombres, trabajo y producción en distantes puntos del planeta, lo cual hace notar los nexos de manipulación para mantener el engranaje operativo del gran sistema global que ha creado interdependencia por unos cuantos urgidos en solventar su nivel civilizado y otros millones puedan solventar su pequeña felicidad monótona alienada, venida a menos.
Es urgente, reitero, por las ideas insertadas, por la acumulación de vicios, por las excusas de esta globalización para dar a los mismos y quitar a los de siempre con métodos renovados de ciencia y entretenimiento, retomar el estado de sensatez, girar el reloj de nuestro destino y sentarnos cara a cara a resolver el por qué coincidimos siempre en la misma catástrofe y nos contradecimos a final de cuentas. 
Las circunstancias reales obligan por otro lado a afrontar a nombre propio un acto deliberado por el bien común, sin ayuda de extraños, sin apoyo superficial, el aislamiento es una excelente situación aleccionadora para entender cuáles son las condiciones selectivas de vida, cuáles son sin quererlo mis condiciones tras un mea culpa, sin solicitar opiniones, sin elevar el asombro que puedo expresar o sentirme victima en desgracia para quejarme o denunciar, haciendo el llamado al líder que no existe, al castigo que no será severo, al sarcasmo para la vergüenza, a un cínico que ya ha perdido toda dignidad y hace burla de lo que pienso, mi manera de ver la vida, de lo que asumía correcto y sano. Es por eso que yo mismo lo haré, canalizando mis deberes y también mis derechos, sometiendo el sistema a la culpa de todos los males, a que no existe un hecho desprendido sin un sacrificio de por medio. El dinero no lo cura todo y las heridas se agudizan más. La distancia debería sentirse de un modo cambiante. Los mejores momentos son definitivamente en presencia, una reunión al mediodía, una tertulia en la noche, caminar, vivir intensamente la actividad, sin medir consecuencias psíquicas teorizadas para que las asumas como tal, sin los deseos desquiciados por estrés al leer el comunicado de tu propia vida en un dispositivo inteligente, con tu rostro ya de por sí agotado, con la presión del cuerpo sometido al rigor de la competencia y el direccionamiento laboral de occidente, quien impone las reglas, te destroza el cuerpo, te consume hasta el mínimo intento de imaginación por convertirte en un títere, un operador dinámico que no debe pensar en ilusiones del tiempo y la charla del microbio y la contemplación después del horario exhaustivo. 

miércoles, abril 29, 2020

*MONOMURAL: EL LONCCO ANDANTE


El hombre y los caminos solitarios,
la canción del viento,
estridencia melancólica,
hierba emergiendo húmeda al amanecer,
el sentimiento inunda mi rostro
me motiva a padecer incertidumbre.

La soledad sigue marcando su territorio,
no hay mayor certeza
que la propia intimidad de pensamientos 
al aire libre.
El pesar se despeja,
sombras transversales revelan la mano del creador;
el cultivo de las chacras es más que gratificante,
ahora puedo visualizar
el arte inmemorial retratado al óleo
por un espíritu atrapado en este encantamiento.

No sé de mañana,
andaré y andaré contra molinos de viento,
un capullo de texao aparecerá como un mítico prodigio,
o me dejaré llevar por el bajo caudal de la siembra.
Caeré exhausto en medio de un bosque de eucaliptos,
y soñaré con historias de antepasados,
yendo y viviendo por senderos de herraje
soportando al sol todopoderoso,
tarareando poesías de campiña,
en tanto los pies tropiezan con tierra y restos de sillar
y las ropas sudadas translucen jornadas de trabajo.

Un pasado y un presente nunca distantes,
eternos arboles de molle cual viejos sabios a la sombra,
y el canto a veces de un picaflor
o a veces las rimas de yaravíes,
cantadas como himnos de retorno a casa
por un chacarero arequipeño.

Distrito de Chiguata, provincia de Arequipa. Al fondo se observa las siete cumbres que conforman el nevado del Pichu Pichu. Setiembre del 2019.

*Monomural. A mi manera de verlo y teniendo en cuenta para el contexto arequipeño de antaño, es la expresión festiva de un hombre de campiña que suele estar retratada por cuestión natural, en piedras, en árboles, en surcos, en el fondo de los arroyos, en los cultivos, etc.

BAJAR LA INTENSIDAD


Jugar con la imaginación es una parte importante cuando la idea es tergiversar. Insisto en evocar retratos melancólicos que no existen más que en mi memoria, como la fatiga de un desconocido cuando baja la vista y se dedica a visualizar el espejismo inteligente de otras vidas en constante expresión. 
Tratar de olvidar, extenuación ante los hechos, el sudor expandiéndose, lamentos reincidiendo en cuestión de someter, dedicaciones para soñar en perspectiva de resignación, intenciones sinceras desapercibidas hasta rendirse de manos y consumirse la luz de fondo. 
Cada una de las virtudes las colecciono por un mundo predilecto y cuando las cosas no andan bien, pienso en todo ello, en medio de discusiones y miradas horizontales. Es imposible que el sol al atardecer me pueda alterar. El fuego desaparece del enfoque…

Para bajar la intensidad
una toma mayúscula en modo convencional
Caminar abatido en tiempo cenizo
sobre la tierra arenosa que sepulta las
últimas ilusiones;
horas de sentir desconcierto,
de perder ante las evidencias,
de caer y llorar hasta desgastarse de dramatismo
y avanzar con los brazos cruzados demostrando mea culpa.

El dolor me ha tocado a mí,
vivo como en una condena.
A lo lejos veo aproximarse
sombras defectuosas, 
relámpagos memoriosos levantando muros invisibles
que no permiten tocar más deseos perdidos.

Siento olvidar mi vida 
por cosas insignificantes,
por el consuelo de tener aire fresco entrando por mi ventana
y el agua manando de mis venas
después de distraer el sentido,
vocalizar enlaces comunes,
asentir a pesar de todo,
traducir en cada punto
orgullo por sencillez, 
intensidad por cabeza fría.

domingo, abril 19, 2020

Interlude: EL RECURSO INDOOR


Hay tiempo, el recurso existe en un lugar seguro.
Las acciones son necesidades impulsivas
cavilando en retrospectiva de uno menos uno,
es cuando se activa un mecanismo reversible;
la inmediatez consigue doblegar razones
objetar un régimen implícito de valores sentimentales.
Nada mejor que aliviar de un gran imprevisto,
angustias en paralelo a cuando la demagogia popular acabe,
y se haga evidente el excesivo desconcierto.
Es tiempo de parar, 
a cuenta de despejar lo inútil,
negarse a una pequeña fracción por algo importante,
repetir palabras de otra vida,
iniciativas que todas sean luces,
sin permitirse señales para retroceder,
renombres literales, ecos de la mente, 
deseos de inmovilidad en una proyección acromática
de poder obsoleto, señalado por estar
aislado, rodeado de fórmulas eficientes
realizando conteos básicos, 
a la usanza metódica como algoritmo de ansiedad bajo control
y a la complejidad de servir para nada 
cuando el recurso tintinea como llave maestra.